Millones de palabras se han escrito sobre los conflictos alrededor del copyright
Esta vidriera de la feria de artesanías de Las Condes, en Santiago de Chile, podría reemplazarlas sin que se perdiera nada en la traducción:

Esta vidriera de la feria de artesanías de Las Condes, en Santiago de Chile, podría reemplazarlas sin que se perdiera nada en la traducción:

En las últimas elecciones, Córdoba zafó por poco de tener
fraudevoto electrónico.
Sin embargo, el zombie no está muerto: de golpe aparecen de nuevo un montón de artículos al respecto, blandiendo las mismos cansadas, infundadas y largamente desmentidas afirmaciones de siempre, en un estilo indistinguible del característico “braaaaaainnnnzzzzz!"
Uno diría que textos inteligentes, respaldados por investigaciones y referencias serias e independientes como (por citar sólo un ejemplo respecto del tan alabado caso brasileño) el del Dr. Pedro Rezende deberían ser suficientes como para que el tema se terminara de una vez.
Hace poquito, Hernán Casciari hablaba de cómo las disputas por derecho de autor entre los herederos del Negro Fontanarrosa están condenando su obra al olvido.
Hoy leo en Revista Ñ que la heredera del autor de “Pierre Menard, autor del Quijote” presentó una demanda contra un escritor experimental por una tirada de 200 ejemplares de una intervención a “El Aleph”.
La afirmación de que “el derecho de autor fomenta la cultura“ suena cada día más surrealista.
Leyendo el número cuatro (noviembre de 2010) de “Hoy la Universidad”, una publicación de la Universidad Nacional de Córdoba (se lo puede leer en línea, si uno tolera el espantoso e innecesario plugin flash que exigen), me llamó la atención una entrevista a Ernesto Laclau titulada “Para la democracia en América Latina es necesario un presidencialismo fuerte”.
Convencido como estoy de que la proliferación de “fulanismos” (Peronismo, Menemismo, Kirchnerismo, Alfonsinismo, Delasotismo, Chavismo, etc. y, por supuesto, también sus inevitables “anti-) es uno de los flagelos más dañinos y difíciles de erradicar en nuestra región, quise leer lo que tenía para decir al respecto “uno de los intelectuales más influyentes de América Latina”, tal como lo llama una separata incluida en el mismo artículo.
Este gráfico de Paul Heald, de la Universidad de Illinois, es maravilloso, porque ilustra cómo el derecho de autor está privándonos de gran parte de nuestra herencia cultural:

El gráfico muestra cuántos libros distintos publicados en cada década se pueden conseguir a través de Amazon hoy. Ojo: no estamos hablando de ejemplares originales impresos en esa década, sino de reediciones modernas. Por ejemplo: en Amazon puedo comprar hoy ejemplares nuevos de unos noventa libros distintos publicados por primera vez en 1850.
La cosa es así: cuando una obra está bajo derecho de autor, pero no hay forma de encontrar a quien lo ejerce, estamos ante una “obra huérfana”. Teniendo en cuenta que el derecho de autor en estos días dura la friolera de toda la vida del autor más setenta años, esto ocurre con mucha frecuencia.
Es triste el destino de las obras huérfanas, esencialmente están destinadas al olvido: por más que haya gente que las considere valiosas y quiera republicarlas, no puede hacerlo porque para eso hace falta permiso del derechohabiente… que no está por ningún lado.
Escribí esta nota para acompañar un informe sobre SOPA/PIPA que publicó la revista Ciudad X.
Durante muchos años, el negocio editorial (discográfico, etc.) fue prácticamente una licencia para imprimir dinero.
Aprovechaba el hecho de que copiar y distribuir obrar en forma de libros, discos, películas, era muy caro (una actividad industrial intensiva en capital, y por lo tanto sólo accesible a unos pocos) para instituirse en el único vínculo entre los autores y su público: los autores no podían llegar al público sin que alguien los publicara, el público no podía disfrutar de obras a menos que alguien produjera copias.
“El Artista” es la película que más me ha gustado en un rato largo. Me gustó todo de la película: el casting, la música, el estilo, los guiños, la selección, combinación, uso y economía de recursos, la actuación, la narración, los personajes, la fotografía, el montaje… todo.
Más allá de todo eso, mientras salía de la sala con una sonrisa que amenazaba con dividir mi cráneo en dos hemisferios inconexos, caí en la cuenta de que la película es una metáfora casi perfecta de la relación entre la industria editorial (discográfica, filmográfica, etc.) e Internet. Una parábola de la que la MAFIAA podría aprender muchísimo, pero bueno, andá a saber si van al cine.
En castellano, “amor” es una palabra mucho más fuerte que el “love” inglés: “amo el software libre” suena muy estúpido: nadie “ama” a un ser inanimado.
Bueno, “nadie” es probablemente mucho (me vienen a la cabeza algunos propietarios de ciertos automóviles, y la película “Lars and the Real Doll). Pero nadie lo admitiría abiertamente.
Sin embargo, como metáfora, hay mucho querible en el software libre.
Es generoso: me permite equipar a todas las computadoras de mi familia con programas de altísima calidad, y usarlos (enteros o en pedazos) en todos mis proyectos, sin pedirme nada a cambio. Mi trabajo ayudando a otros a usarlo me permite vivir dignamente, y con la sensación de que estoy ayudando a que el mundo sea un poquito mejor.
¿Por dónde empezar a criticar este artículo?
¿Por el abuso de meter en la misma bolsa a la pederastia con el intercambio de archivos?
¿Por la falta de perspectiva de llamar “piratería” a ese intercambio, cuando la piratería real, la de los barcos, armas y robos, aún cobra vidas en ciertos mares del planeta?
¿Por la ingenuidad de pensar que los autores viven de los libros que se venden en las librerías cuando sabemos hace rato que no es así?