La versatilidad y la falta de especialización biológica son, sin lugar a dudas,
características esenciales de nuestra raza. Mientras que una termita obrera
jamás podrá servir a su reina como soldado, y sólo existe evidencia indirecta y
contradictoria de la existencia del Mono Relojero, la capacidad del ser humano
para cumplir múltiples roles nos ha sido muy útil a la hora de asegurarnos de que
seamos nosotros los que comemos a los animales, y no al revés.
Lo que pasa es que nunca lo aceptaron desde el principio fueron celos
bronca envidia incomprensión de que yo esté tan enamorada tan feliz de
haberlo encontrado así de golpe en mi vida cuando no lo esperaba y
ellas menos por eso tratan de disuadirme el amor a primera vista no
existe me dicen las muy arpías ya vas a ver cómo se te pasa pensalo
bien recapacitá volvé volvé me gritan por altavoces mientras yo lo
abrazo y me aprieto contra su espalda y estoy plena de él de su olor
de su cuerpo varonil de su voz ronca que desafía al mundo a los
truenos a las luces frenética me aferro a su campera de cuero en la
lluvia que nos bendice y pensar que se dicen mis amigas y no soportan
que yo ame a un hombre de verdad que yo elija esta aventura en vez del
tedio de la soledad o de un marido por eso quieren alejarme de él
llevarme de vuelta a una vida sin amor justo ahora que lo encontré el
mismo día en que él llegó y me vió y me eligió para él de entre todas
sí también de entre ellas y eso es lo que no toleran y porque es
conmigo y no con ellas por eso quieren disuadirme recordarme los
recortes de los diarios las fotografías de cuerpos mutilados los
identikits los relatos horrorizados de sobrevivientes fortuitos las
paredes picadas a escopetazos como si yo fuera boluda como si no lo
supiera como si me importara como si acaso alguna de ellas hubiera
hablado de otra cosa en las últimas dos semanas como si realmente
existiera algo más importante que él y lo que yo soy por su intermedio
como si el mundo hubiera existido antes de que él entrara así de golpe
en el salón del banco gritando y blandiendo su escopeta y nuestras
miradas se cruzaran y yo comprendiera que gritaba para mí que eran
míos los disparos que su arma eyaculaba mías las vidas que él segaba
que era él y sólo él lo que importaba más que el dinero más que la ley
más que la libertad y que la vida y que los muertos y que el mismo
amor y ellas lo saben y lo callan lo callan para decir lo otro para
compadecerme para acusarme desde su repugnante pose de señoras
decentes que las distrae de la vergüenza de saberse rechazadas de la
irreversible realidad de que aquí ahora para él para siempre la única
rehén soy yo soy yo yo yo y no voy a dejar que me lo quiten no voy a
soportar los celos de que se lo lleven para dárselo a la policía a los
jueces a la cárcel juntos tendrán que llevarnos juntos porque no nos
podrán separar tan fuerte lo abrazo que ya soy él ya somos uno cuando
le quito el cuchillo del cinturón y se lo clavo fuerte en el vientre y
tiro del mango desgarro piel músculos vísceras y él se disuelve se
derrama lentamente en mis manos caliente fluye blando líquido inerte
mío más mío que nunca más mío que nadie eternamente mío mío y de nadie
más.
Sábado a la mañana en el centro cuarenta grados sol que me aplasta contra la
vereda transpiración y humedad y gente cuánta gente de acá para allá corren
caminan no me dejan encontrarte y por qué no se quedan quietas un rato cómo
hacen para no chocarse pasan frente a mí con sus caras desconocidas gente que se
cruza que me roza que me mira que me dice disculpe o permiso y compartimos un
instante y sin embargo yo sigo sin saber nada de este tipo salvo que el sábado
estuvo chupando calor en el centro pero ignoro de su vida si labura
de qué labura si es casado si la ama si tiene hijos qué le pasa cuando yo no lo
veo en una de esas ni siquiera existe y solo está para decirme permiso y seguir
viaje y desaparecer para siempre detrás de la próxima esquina a menos que yo lo
siga y lo espíe y entonces sigue estando y a medida que yo me entero el hombre
indefinido y su cara promedio se vuelven reales distinguibles como vos y obtiene
un trabajo y un jefe que lo prepea y un pasado en un colegio secundario y una
primera novia de la que casi no se acuerda y capaz que para entonces ya es muy
tarde y a partir de ahí el pobre tipo no tiene más remedio que existir hasta
cuando yo no lo miro no no no mucha responsabilidad mejor no lo sigo mejor sigo
buscándote en medio de la multitud de abogados floristas niños con mocos mujeres
en minifalda la pistola me pesa en el bolsillo para qué tanta gente para qué vos
si bastaba conmigo si al fin soy yo el que los ve soy yo el que te busca bastaba
conmigo único infinito eterno imaginador de maravillas explorador de mi mente
inventor de sensaciones soñador de todo aunque claro eternamente es mucho tiempo
seguro que llega un punto en ya no se me ocurre más nada pero como me gustó lo
imagino todo de nuevo y de nuevo y de nuevo hasta agotar las permutaciones las
repeticiones el asombro y hastiado creo algo cualquier cosa una piedra un
álgebra un viento qué se yo algo distinto algo allá algo afuera y me embriago en
su extrañeza en la novedad de algo que no es yo y me entusiasmo creando cosas
lugares sensaciones monstruos infiernos hasta que de nuevo está todo creado
todas las veces de todos los modos y vuelvo a estancarme a desear algo más pero
no hay más porque sólo están mis creaciones y yo que todo el tiempo fui el mismo
y ya no me soporto quiero ser otro quiero salirme verme desde afuera no saber no
conocer y entonces invento un parque de diversiones lleno de otros de miles de
millones de vidas esparcidas por el mundo por los siglos lo lleno de cazadores
reyes madres brujos amantes pastores ajedrecistas bailarinas locos traidores
mendigos astronautas budistas atletas secretarias perversos lo importante es la
contradicción el contraste la variedad ser distinto en cada vida primero
Cleopatra lasciva luego un niño feliz que de adulto muere de lepra luego
estrella de cine ahora asesino que te busca luego seré tú huyendo de mi venganza
y luego el juez que me condena y el verdugo que me ejecuta todas las vidas todas
las muertes cada una de las personas que transpiran y tropiezan en la peatonal
soy yo el que me empuja soy yo el que me mira sin reconocerme sin darme cuenta y
eso que la clave está en todas las religiones reencarnación amad al prójimo como
a ti mismo Mahoma y el Profeta el Padre el Hijo y el Espíritu Santo el ciclo de
Shiva la vida eterna el yin y el yang y qué hago ahora que sé que el universo es
mío para qué vivir sin dolor vértigo risa miedo cómo odiarte ahora que te sé
cómplice la pistola quema en el bolsillo la saco disparo a mi alrededor son una
dos tres cabezas que se deshacen en tulipanes carmesí apunto a mi sien y bang la
vereda ondula bajo mi cuerpo se vuelve roja y también el cielo y la gente y la
niña la niña la niña desde la que grito el horror de mi liberación.
Ella no merecía este tipo de desengaño. Al fin y al cabo, no era una atolondrada
de esas que se embarcan a lo loco en aventuras condenadas al fracaso. Nada de
eso, elegía cuidadosamente a los hombres con los que se metía, y sin embargo
ellos siempre se las arreglaban para decepcionarla.
A Marcos lo había conocido en un asado en casa de Pablo. Como referencia no era
gran cosa, porque todos los hombres de ese grupo habían terminado
desilusionándola de un modo u otro. Pero al menos hubo una presentación formal,
y aprovechó ese mismo día para hacer las primeras averiguaciones disfrazadas de
charla de sobremesa. Así se enteró de su carrera de ingeniero, de su trabajo en
una fábrica de automóviles, de su gusto por el cine, la música clásica, las
artes marciales, la astronomía y la comida china. Al mismo tiempo se complació
con sus buenos modales de mesa, detectó una leve tendencia a tartamudear que le
daba cierto aire de desprotección, y observó con agrado que comía con mesura,
que no abusaba de las proteínas, que no fumaba, que no le miraba el busto
mientras le hablaba, que llevaba las uñas cortas y limpias, que sus encías no
manchaban de sangre la manzana al morderla, que no usaba perfume y que las
raíces de su pelo eran del mismo color que las puntas.
El auditorio está lleno de voces de gente paqueta de lentejuelas corbatas de
seda medias finas trajes iguales melenas inmóviles y una voluntad férrea de oír
ver aplaudir a todos y no lo saben pero también a mí que voy a leer mi cuento y
estoy feliz porque me gusta mi cuento es de amor y tiene risas y hay un lago
azul cristalino y al final ella se tira del balcón y cae para siempre y sigue
cayendo cayendo cayendo y yo me pongo cada vez más nervioso porque se
abre el telón y empieza lo primero que es una versión musical de La Metamorfosis
aunque todos los actores están disfrazados de Richard Nixon y las actrices de
Groucho Marx y ahora me doy cuenta de que es una muestra de teatro y no de
literatura así que intento escapar escabullirme por debajo de los asientos y por
detrás de las puertas y por entre el bosque de piernas del público hasta que
reconozco los tobillos de mi maestra que se agacha y me dice no seas pavo que
hay pocos artistas y dejan pasar a todos desnudate y subí al escenario que les
vas a gustar así que me saco la ropa ahí en el foyer y me escondo a repasar el
texto en una ventana detrás de las cortinas pesadas de terciopelo rojo que se me
pegan a la piel y me abrazan y me aprietan y me mojan y me lamen mientras lucho
por desplegar el cuento que está en el papel con que envolví el sándwich de
jamón y tomate y al final lo abro pero el texto ya no está en la hoja está en el
sándwich una página y media de palabras impresas en los trozos de pan negro
practico cómo se hojea un sándwich sin que se desarme el pan ni se caiga el
tomate ni se manchen las cortinas con mayonesa y kétchup y sobre todo sin que
hojeando se abra el jamón que es pornográfico y capaz que leo cualquier cosa
practico y practico pero igual me sorprendo cuando se abren las cortinas que al
final son el telón y la ventana que ya no está y yo en medio del escenario
vestido con un tutú verde que alguien me debe haber puesto sin que me diera
cuenta y la gente que me mira y me mira y me mira en silencio profundo como
esperando que les de permiso y cuando bajo la vista veo el cuento y el sándwich
y el jamón y no puedo reprimir el hambre voraz el hambre feroz el hambre mortal
muerdo devoro sustantivos me atraganto de adverbios y preposiciones seguro que
los adjetivos me caen mal desgarro verbos y los conjugo gástricos hasta que
termino y quedo allí en el escenario con las manos ensangrentadas de tomate y
mayonesa tapándome la cara y descubriendo que no recuerdo las palabras ni la
historia ni el nombre del protagonista ni siquiera si había un protagonista pero
sí que era de amor y ya no puedo hablar y me avergüenzo me sonrojo me aborrezco
me desmayo y caigo caigo lentamente sin sentido a la oscuridad infinita del
tablado a través de un aire denso mullido viscoso de tantos aplausos y de tantos
vítores.
El 8 de febrero de 1994, los diarios del Reino Unido reportaban
la prematura muerte de Mr. Stephen Milligan,
Honorable Miembro del Parlamento Británico por el partido conservador de
Inglaterra. El día anterior, Milligan había sido encontrado en su casa, muerto
por asfixia sobre la mesa de la cocina. Las únicas prendas que vestía en el
momento de su deceso eran un par de medias finas de seda y su correspondiente
portaligas. Tenía la cabeza envuelta en una bolsa de polietileno, ceñida al
cuello con un cable eléctrico, y en la boca una naranja pelada.
En la discusión sobre el derecho de autor, a menudo se olvida que los aspectos
comerciales de éstos persiguen una finalidad pragmática específica: fomentar la
publicación de obras, de modo que éstas puedan entrar en el dominio público.
Cuando los derechos patrimoniales no sirven a este objetivo, es menester
revisarlos.
Son raros los días que pasan sin que aparezcan noticias acerca de demandas de
sellos discográficos en contra de personas que intercambian archivos de música
por Internet, de CDs y DVDs que se venden con mecanismos de seguridad que
impiden que se los pueda escuchar en computadoras, de proyectos de legislación
que penan actividades como escribir programas para leer DVDs, aún cuando el
programa tiene usos perfectamente legales. Todas estas cosas, y muchas otras,
aparecen como medidas necesarias para proteger el derecho de autor.
Cuando era niño, en aquel tiempo incierto en que ya me sabía varón pero aún no
había inventado a la mujer, yo anhelaba crecer pronto, convertirme en un hombre
adulto. ¿Y cómo evitar ese ansia, teniendo en cuenta lo promisorio de mi destino
genético? Crecer varón me garantizaba que, finalmente, dejaría de ser un
animalito asustado para convertirme prácticamente en Superman. Formaría parte
del Sexo Fuerte, sería sólido e impasible como un peñasco en la tormenta, sería
el punto de referencia, el paradigma de la verdad y la justicia para quienes me
rodearan.
Las empresas de entretenimiento están ávidas de recibir el dinero de
sus clientes, pero éstos a menudo reciben menos que lo que creen estar
comprando. Muchas películas y CDs contienen mecanismos diseñados
específicamente para limitar el derecho del cliente de disfrutar de
aquello por lo que pagó.
Compartir cultura es uno de los pilares de la sociedad, y una de las
maneras más comunes de relación entre las personas. Todos y todas
damos por sentado que podemos ir a una biblioteca a que nos preste un
libro. Todo hombre recuerda haber grabado una selección de canciones
de su colección para regalársela a una mujer que amaba. Libros, música
y películas están entre los regalos más comunes que nos hacemos entre
nosotros. ¿Se imagina Ud. comprar un libro que no se puede prestar?
¿Regalar un CD sin saber si quien lo recibe va a poder escucharlo?
¿Mudarse, y descubrir que tiene que volver a comprar su colección de
películas? Peor aún, imagine descubrir que si Ud. encontrara una
manera de evitar estas restricciones, no podría hacerlo sin violar la
ley. Ahora, imagine que estamos mucho más cerca de esa situación que
lo que muchas personas creen: las editoriales, discográficas,
distribuidoras de películas y demás están entregando a sus clientes
productos deliberadamente degradados, con el único fin de maximizar
sus ganancias sin tener en cuenta el impacto de sus acciones en la
manera en la que la sociedad comparte la cultura.
Usted seguramente conoce a varios hombres de esos que cotizan en el Mercado de
Solteros, Separados y Afines. Piense un momento en ellos, recuerde sus
actitudes, apariencias, vestimentas, peinados e ideologías de los últimos meses
(u horas, en casos particularmente graves), y comprobará que estos individuos
son un tanto… digamos… volátiles. Es como si el andar sueltos los
convirtiera en unos veletas que reíte del camaleón, bah. ¿Será cierto que el
varón necesita de la mujer para ser al menos someramente estable, como sentencia
mi abuela?